¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué vive en este mundo y cuál es el propósito de su vida? Existen seis claves que le ayudarán a descubrir este misterio.
Dios desea expresarse a Sí mismo por medio del hombre. Con este propósito, Él creó al hombre a Su propia imagen.
Así como un guante es hecho a la imagen de una mano a fin de contener la mano, así también el hombre fue hecho a la imagen de Dios a fin de contener a Dios. Al recibir a Dios como su contenido, el hombre puede expresar a Dios.
A fin de lograr Su plan, Dios hizo al hombre como un vaso. El hombre es un vaso que consta de tres partes: cuerpo, alma y espíritu.
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Con el cuerpo podemos tener contacto con las cosas de la esfera física y recibirlas. Es nuestro instrumento para interactuar con el mundo material.
Con el alma, la facultad mental, podemos percibir las cosas de la esfera psicológica y recibirlas. Aquí reside nuestra mente, emociones y voluntad.
Con el espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, podemos tener contacto con Dios mismo y recibirle. El hombre no fue creado meramente para recibir comida en su estómago ni para acumular conocimiento en su mente, sino para contener a Dios en su espíritu.
Aunque fuimos creados para tener comunión con Dios, el pecado entró en el mundo. El pecado puso al espíritu del hombre en una condición de muerte, hizo que el hombre llegara a ser enemigo de Dios en su mente, y transformó su cuerpo en carne pecaminosa.
El pecado arruinó las tres partes del hombre y lo alejó de Dios. En tal condición, el hombre no podía recibir a Dios ni cumplir el propósito para el cual fue creado.
A pesar de la caída del hombre, Dios no desistió de Su plan original. Así que, a fin de realizar Su plan, Dios primero se hizo hombre, el hombre llamado Jesucristo.
Luego, Cristo murió en la cruz para redimir a los hombres, librándolos del pecado y trayéndolos de regreso a Dios. Finalmente, en resurrección, Cristo fue hecho Espíritu vivificante, a fin de impartir Su vida inescrutablemente rica en el espíritu del hombre.
Debido a que Cristo fue hecho Espíritu vivificante, ahora el hombre puede recibir la vida de Dios en su espíritu. Esto es lo que la Biblia llama la regeneración.
Para recibir esta vida, el hombre debe arrepentirse delante de Dios y creer en el Señor Jesucristo. Si deseas ser regenerado, acércate al Señor con un corazón abierto y sincero.
Después que un creyente es regenerado, necesita ser bautizado. Luego, Dios empezará un largo proceso, que dura toda la vida, en el que poco a poco Él se irá extendiendo como vida desde el espíritu del creyente a su alma.
Este proceso, llamado transformación, requiere de la cooperación humana. El creyente coopera al permitir que el Señor se extienda a su alma hasta que todos sus deseos, pensamientos y decisiones lleguen a ser uno con los de Cristo.
Finalmente, cuando Cristo regrese a la tierra, Dios saturará por completo el cuerpo del creyente con Su vida. A esto se le llama la glorificación. Así, el hombre que anteriormente estaba vacío y dañado en las tres partes de su ser, ahora se encuentra lleno y saturado de la vida de Dios.
¡Ésta es la salvación completa que Dios efectúa! Dicho hombre expresa a Dios y cumple el plan de Dios.
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